viernes, 21 de agosto de 2015

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            (2) 日本国: 金在中 /  平和と進歩!
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                         ⌠₂₁₀₈₁₅; ₄:₀₀⌡     

         
         
  En el pasado JaeJoong había viajado a Japón más de unas dos veces por semana. De ida y vuelta a Corea, en realidad, en tantas ocasiones que un trayecto de dos horas o menos hasta el país vecino le parecía nada. Antes podría haber leído o tomado una siesta, escuchar sus discos favoritos en los auriculares y el tiempo pasaría volando. De hecho, hubo momentos en que tomar un avión significaba descanso dentro de aquella apretada agenda que había mantenido hace más de siete años.

  Ahora, solo habían pasado treinta minutos y era la segunda vez que devolvía el estómago en el cubículo que se quería hacer pasar por baño en el avión porque las bolsas para el vómito ya se las había terminado. Incluso las sobrecargos se mostraban preocupadas ante él. Seguramente estaba enfermo, seguramente era todo el exceso de kimchi que había comido luego de visitar a sus padres.

«Mamá… papá, estoy saliendo con alguien, sé que probablemente me van a odiar porque… ¡No, no es YunHo! Es… de Japón. Es lo opuesto a YunHo en apariencia, lo siento, mamá. ¿Papá, estás dormido?»

  ¡Aún no podía creer que esa hubiera sido su reacción! Jae tuvo que reprimirse muchísimas veces en no en darse la cabeza contra la pared del salón, tanta angustia, tanto revuelo en su cabeza sin saber en sí debería contárselos a sus no-progenitores; ahora ya sabía de donde había heredado tanta incongruencia en su propia mentalidad.

  La adorable pero sobreprotectora señora Kim entre «Aigoos y ¿cuándo me vas a dar un nieto? Ya no eres un jovencito” después le había dado de comer hasta dejarlo a punto de reventar. «¡Estás muy flaco, come más!»

  Se acarició el vientre y se giró de ladito, cerrando los ojos. Últimamente también tenía muchísimo sueño… entre querer dormir pero vomitar estaba muy exhausto, odiaba estar enfermo y débil. Después se preguntó si había estado bien en venir o no… Pero, tenía asuntos pendientes que cuidar acá, tenía lo de los compositores japoneses con los que se tenía que encontrar, la firma de libros a la que quería asistir, las fotografías en el bosque del Suicidio que deseaba tomar, el concierto de Hyde al que necesitaba asistir, las compras en Shibuya, los mangas que le faltaban en su colección, los ojitos de Takeru en los que extrañaba ahogarse.

En dos aparentemente interminables horas del infierno acurrucado en su respaldo, llegó a su destino.

sábado, 8 de agosto de 2015

—Pero… no podía dejar que fueras tu solo —Le sonrió de una manera encantadora, encantadoramente estúpida. Estaba demasiado enamorado, sus mejillas se estiraban solas al verlo por fin—. Quería verte lo antes posible —Con la yema de los dedos se cubrió la boca. Por vergüenza eso lo había dicho casi en un susurro, apresurado. Luego agregó: — Y sería muy grosero de mi parte no venir a recibirte.

No encendió las luces del auto luego de que abordara, no hasta que le robó unos tres besos rápidos, tiernos, luego del primero. Abrazarlo no podía porque sería incomodo en la posición en la que se encontraban, aunque se moría de ganas. Frunció los labios al notar que tenía el cabello húmedo y la ropa también. Le preocupó de que pudiera coger un resfriado; ya en casa lo obligaría a que tomara una ducha caliente y dos capsulas de vitamina C. Era mejor prevenir todo y parecer un exagerado a que algo evitara que Takeru tuviera una agradable estadía en su primera visita a JaeJoong en Corea.

A diferencia de Takeru, JaeJoong había considerado el tiempo lluvioso y cómo este haría que la temperatura bajara mucho más en la madrugada. Por eso él mismo estaba abrigado con su suéter rojo a rayas negras, su favorito, el que nunca dejaba de vestir cada vez que tenía la oportunidad. También dos descafeinados estaban listos en los sujeta vasos del centro, uno era para el japonés.

Le secó las mejillas mojadas con las mangas de su suéter, después con sus pulgares justo como lo haría una madre, luego le tendió el café calientito para quitarle el frio de la piel. Y así todo listo, insertó las llaves para encender el vehículo y desaparecer de ahí rumbo a la carretera.

—Estoy muy bien. ¿Tuviste un buen viaje? —Las dos manos en el volante. Tenía que tener cuidado porque la autopista estaba mojada. También estaba desierta e iban a llegar más rápido a su departamento—. Amor… Voy a prestarte ropa, ¿sí? ¿Tienes hambre? ¿Estás cansado del vuelo?
Aún podía percibir las lágrimas cálidas de JaeJoong en la yema de sus dedos y es que cuando su esposo había comenzado a llorar, él había secado esas gotitas salinas con sus pulgares. Se dedicó a besar esos labios rosados, tratando de brindarle la calma necesaria, pero sabía que aunque hiciera esto, el dolor estaba presente.

En un momento dado, luego de que le respondiera a Joongie que era imposible que él no estuviera con él y su hija a punto de nacer, colocó una de sus manos en el abultado vientre de su mayor, pudiendo de esa manera percibir a Sully bebé moviéndose.

—No tan fuerte, mi amor...tranquila princesa...todo estará bien. Papá Joongie y papá Min te aman.

Susurró en lo que se agachó hacia esa zona del cuerpo contrario y presionó sus lienzos en la curvatura. Era una despedida a esa pancita de nueve meses y la bienvenida a su tesoro más preciado.

Realmente estaba ignorando a todos, para él solo existía JaeJoong y Sully bebé, pero cuando las enfermeras anunciaron que debía de llevarlo al quirófano, el moreno se aferró a una de las manos contrarias. Era ese sentido de sobreprotección que tenía siempre con su pareja y ahora con su hija, por lo cuál ayudó cuando tuvieron que trasladarlo de la cama hacia la silla de ruedas.

Gotitas de sudor resbalaban por la frente de quien daría a luz a su hija y sin exagerar el sentimiento, percibió dolor al ser apartado para que se lo llevaran.

—Estaré contigo en un momento...

Le tomó la mano y le besó la palma, se agachó un poco y susurró en uno de sus oídos: "Te amo...te amo demasiado,a ti y a nuestra princesa. No tengas miedo, todo va estar bien".

Con esas palabras finales, de manera obligada tuvo que soltar esa cálida mano y ver como se llevaban a las dos personas que más amaba en el mundo. Pero no había tiempo que perder, así que siendo guiado por una de las enfermeras, ChangMin fue hacia la antesala de la sala de operaciones en donde recibió una bata azul que debía colocar sobre su ropa, se quitó los zapatos para colocarse los especiales y de color blanco, así como también el gorro que recubriría sus cabellos. Las manos se las lavó con un jabón desinfectante y con permiso de uno de los médicos que haría la cesárea a su esposo, pudo llevar su móvil.

Él deseaba filmar y capturar el momento cuando Sully naciera. Se lo había prometido a JaeJoong.

Luego de recibir una mascarilla y colocársela, caminó hacia el médico y le pidió que por favor hiciera todo bien, que él estaría mirando y que trajera a su bebé a este mundo con el mayor de los cuidados, que Joongie saliera bien y al final de esa madrugada de ese ocho de agosto, sonrieran por el nacimiento de su princesa.

No supo si el médico entendía lo nervioso, ansioso y feliz que estaba, pero dejó de importarle cuando entró a la sala de operaciones y vio a su esposo en la mesa dispuesta para la cesárea.

—Hey...

Susurró al acercarse y una vez más besó esos cerezos,luego de retirarse un poco la mascarilla, buscando llamar la atención de su Joongie, quien al parecer ya estaba con la anestesia.

jueves, 6 de agosto de 2015

✧《 ʙᴀʙʏ ɪs ᴄᴏᴍɪɴɢ
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Debido a su condición, JaeJoong tenía que hacer una pequeña siesta al menos durante la tarde para recargar las energías necesarias y no quedarse dormido antes de que llegara su esposo del trabajo. Su rutina era levantarse tardísimo, limpiar un poco la casa, trabajar desde su computadora y finalmente comer a las tres y descansar a las cinco. Pero ese día tenía que mantenerse despierto al menos hasta las siete, ya que las compras que habían hecho en el centro comercial en Londres llegarían dentro de ese lapsus de tiempo.
Él tendría que recibirlas y firmar para que le fueran entregadas. Lo que estaba más ansioso por ver era la cuna de ornamentos rosados y dorados que habían comprado para su bebé.
Sus piernas seguían igual de delgadas; no era lo más difícil del mundo tampoco el poder caminar rápido. Durante todos esos meses había adquirido cierta habilidad para ir con muchísimo cuidado y no ser tan torpe como antes. Y cuando finalmente llegaron, no pudo evitar apresurarse aún a pesar de lo grande que ya estaba.
Les dijo que dejaran todo en el primer piso, en el salón; su esposo estaría dentro de una hora más o menos y seguramente se encargaría en armar las cosas grandes. Los peluches y la ropa de bebé ya se encargarían de acomodarla él mismo en los espacios extra que había hecho en su propio armario.
En realidad estaban algo atrasados en todo lo que significaba estar listos para recibir un bebé en casa, pero durante esos veinte días que quedaban JaeJoong ya se encargaría en avanzar en todo ese trabajo lo máximo que pudiera; después ChangMin sería quien tendría que cuidar de ambos.
Una vez estuvo solo con un montón de cajas y paquetes y bolsas de compras, se dedicó a ordenar uno por uno, apreciando la belleza de todo eso; los pequeños zapatos, los vestidos hermosísimos que habían comprado para Sully. JaeJoong comenzó a vivir un sueño en ese momento, ilusionándose con muchas cosas… imaginando a su hija cada vez que tocaban algo.
«sɪᴇᴛᴇ ᴍᴇsᴇs: ʀᴇᴄɪᴇɴ ᴄᴀsᴀᴅᴏs».
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Sucedió un día veintidós como este, hace siete meses en Londres Inglaterra. ¿Recuerdas lo nerviosos que estábamos los dos? ¿Qué casi comienzo a ahorcarte en el momento en que empezaste a juguetear en medio de la ceremonia? ¿Qué de un momento a otro no podía contener mis lágrimas de felicidad? Qué apenas salimos del civil, nos escondimos en un callejón y comenzamos a comernos a besos. 
¿Antes de eso? Cuando teníamos que vestirnos para ir a la ceremonia y a mi ya me estaban dando ganas de empezar la luna de miel de una vez.
Fue el mejor día de toda mi vida, el cual solo podrá compararse al día en que finalmente los cuatro como familia estemos juntos.
Amor bebé, han pasado un montón de cosas desde aquel 30 de noviembre cuando comenzamos a salir, desde el 22 cuando comenzamos a estar casados formalmente. Y un poquito después cuando te dije que finalmente nuestro sueño de Eliza iba a volverse realidad. La verdad es que no quiero ni imaginarme que nada de esto no hubiera pasado; no cambiaría nada de nuestra historia, de nuestra relación... Es verdad que los dos hemos cambiado, pero, ¿no es cierto que las personas cambiamos todos los días? ¿No deberíamos aprender a convivir y amar con estos cambios? Creo que de eso realmente se trata esto de amarnos cada día un poquito más. De estar juntos por siempre.
Yo quisiera enamorarte todos los días, pero sé que el mejor esposo del mundo no soy, que tengo un carácter enojón y no muy expresivo y a veces me paso de flojo y te preocupo con mis ataques de ansiedad y hambre... Pero realmente quiero que nos enamoremos todos los días, qué tengamos lo mejor de una pareja de recién casados y lo mejor de una pareja de 25 o 40 años.
Apenas tenemos siete meses y aún no nos hemos echado a patadas el uno al otro, ¿no es esa una buena señal? ㅋㅋㅋ.
Changmin, gracias por estar a mi lado. Sé que me dices que no te lo agradezca ni nada de eso, pero es que simplemente las cosas buenas que te pasan hay que agradecerlas y tú eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Eres el amor de mi vida. Por ser el mejor esposo del mundo para mí.
Siempre seré tuyo, así como tú mío. De nosotros. Te amo.

lunes, 3 de agosto de 2015

LAKSDGH.

⌠①⌡ ᴛᴀᴋᴇʀᴜ ʏ ᴊᴇᴊᴜɴɢ.
                  ‹‹ ₁₅₀₈₀₁ sᴀɪᴛᴀᴍᴀ ››
                
                
   JaeJoong debía darse prisa si no es que quería llegar tarde a la primera cita con su japonés, el tráfico estaba pesado esa tarde en el centro de Saitama así que hubiera sido una odisea llegar en auto. Por eso es que había decidido irse en bicicleta para llegar al cine, aunque su condición física no había sido tan buena y sus pulmones habían terminado por traicionarlo a medio camino. Estaba seguro de que no lo volvería a hacer nunca. Ahora pedaleaba con todas sus fuerzas con la preocupación incluida de además llegar sudado. Se habían citado a las cuatro y treinta minutos.
                                
   Cuatro y cuarenta minutos eran. Zigzagueaba entre los autos atrapados en el embotellamiento con una habilidad peligrosa recientemente adquirida los pasados diez minutos. El cine estaba como a tres calles más. Una gotita de sudor se escurrió a su ojo derecho y escoció allí y en su cicatriz pequeña del párpado. Se limpió el sudor de la frente con el dorso de su izquierda, tambaleante porque no tenía la paciencia para maniobrar el volante con una sola mano ni para detenerse a limpiarse la cara.
                
   Odiaba ser impuntual y la idea de tenerlo esperando no le agradaba para nada. No se detuvo hasta que visualizó a lo lejos el enorme edificio del centro comercial, lugar donde estaba el cine. Después una ventaja es que no tuvo que pagar estacionamiento, dejó su vehículo de dos ruedas encargado y se dispuso a entrar mientras avisaba a Takeru que ya había llegado.
«sᴍs: Kenshin»
No quería retrasarme. ¿Es tarde, no es muy tarde aún? Llegué tarde, ¿verdad? (இ﹏இ`。)
  • Kenshin le gusta esto.
  • Kenshin No se destacaba por ser la persona más puntual del mundo, pero ese día decidió recibir un premio por tal hazaña. 

       Levantarse temprano siempre le costó al joven japonés, al igual que un montón de cosas más que iban ligadas a la responsabilidad. Ese 
    día todo cambió, bueno, en realidad venía cambiando desde hace bastante tiempo, desde que JaeJoong; un cantante coreano del cual tenía vaga idea en su adolescencia, apareció en su vida para ponerla de cabeza. Y no le molestaba en lo absoluto, todo lo contrario, se levantaba temprano por el simple hecho de querer más horas para hablar con él. El amor lo tenía tarado, siempre se justificaba detrás de eso.

       Cuatro y treinta; él estaba contento desde las tres de la tarde y estaba esperando por JaeJoong desde las cuatro. Con sus prendas holgadas, tenía puesto los anteojos de sol a causa del hermoso día de casi verano que era. Saitama siempre le iba a gustar, porque precisamente él había nacido allí y toda su vida la había pasado allí. Las personas lo trataban como uno más, eso era lo que más le agradaba. La fama lo estresaba, sin embargo, no estaba hecho para quejarse muy a menudo; entonces, sólo le quedaba soportarlo y escaparse de vez en cuando.

       Estaba en la recepción del cine, se estaban acercando las cinco de la tarde y si bien estaba esperando hace una hora, no parecía estar enojado, todo lo contrario. Recibió el mensaje, soltando una pequeña risa que nadie a su alrededor suyo pudo ver. Hermoso, sí, sabía que JaeJoong por llegar tarde se iba a poner más desesperado y ansioso que él. Por momentos decidió jugar, fingir que estaba enojado; ¿eso sería ser muy cruel con JaeJoong? No lo pensó dos veces, la venganza era algo que el mundo disfrutaba sin excepción.

            «sᴍs: ᴊᴇᴊᴜɴɢ»

    Oe! ¿Hasta cuándo me harás esperar? Hace dos horas que estoy aquí. Si no quieres venir, sólo tenías que decírmelo. (;へ:)
  • 在中 «Está enojado. Debe estar muy enojado. Cualquiera que haya esperado dos horas debe estar hecho una furia. Dos horas de retraso en la primera cita. No me sorprendería que para el fin de la noche esté yo soltero. ¿Qué significa el kaomoji? Está llorando. ¿Está llorando, verdad? Al mismo tiempo debe estar enojadisímo. Oh, no, oh no. AH». 

    Pensar mucho nunca le hacia bien a nadie, en ningún sentido, provocaba cataclismos mentales y dolores del corazón; sobre todo de la cabeza también. Y además porque se distrajo de un lado al otro y terminó por chocar contra una mujer con muchísimas bolsas de compras. Hizo que todo se le cayera al suelo, ella misma de rodillas. JaeJoong repartió reverencias por todos lados mientras recogía una cosa tras otra, aunque tenía unas horribles intenciones mentales de dejárselo todo tirado y correr hacia la entrada del cine, a los brazos de su amado. 

    Y repasando eso, ¿podría besarlo? ¿Podría abrazarlo en público? Frente a tantas personas ni hablar pero en las penumbras de la sala seguramente sería algo razonable. Eso si Takeru no estaba enojado, porque recordando los celos que había tenido la otra vez y él como no lo había dejado besar, le estaba haciendo dudar sobre si sus deseos inmediatos se pudieran hacer realidad. 

    Dejó a la chica atrás y también ignoró lo enojada que estaba, el como le decía que tuviera cuidado hasta que sus rostros se encontraron frente a frente y la muchacha se quedaba sin habla, balbuceo y a punto estaba de pronunciar su nombre. Había sido reconocido. Mientras se alejaba se bajó los lentes de sol y se cubrió el resto de la cara con el cubre bocas que sacó de su bolsillo. Avanzó lo más rápido que sus pies caminando para no llamar la atención le permitieron, después a Takeru lo reconoció en tanto puso un pie adentro del establecimiento. 

    Lo tomó de los hombros, lo abrazó como si fuera un amigo al que uno no ve desde hace siglos y al oído le pidió perdón por su retraso. Gracias a que todo lo hizo muy rápido pudo resistirse a las ganas de darle un besito.
  • Kenshin La verdad era que más que enojado, comenzaba a preocuparse. JaeJoong no había sido demasiado específico cuando redactó el mensaje y por su gran cabeza imaginadora pasaban un montón de posibles situaciones que el mayor pudo haber sufrido. Iba de un lado a otro, sin tener idea de qué podía hacer. La cartelera ya se la sabía de memoria, los precios que figuraban en la zona de los snacks también, hasta ya podía decir cuáles le recomendaría a JaeJoong; tomando en cuenta el detalle de que su amante era vegetariano.

    Y mientras más lo pensaba, JaeJoong parecía tardarse más. Por un momentos se cansó, decidió que lo mejor era ir a hacer la cola para al menos ver una de las malas películas de miedo y fantasmas que siempre hacían. Lo más probable es que terminara distrayéndose con alguien muchísimo más interesante que la película, claro; si en realidad eso era sólo una excusa. Una tonta excusa para aprovechar las salas oscuras e intentar sobrepasar los límites morales permitidos. 

    Justo cuando la sonrisa llena de perversión se asomó sobre su rostro, JaeJoong se hizo presente. Esas disculpas bastarían para perdonarle cualquier cosa, sin embargo, Takeru era joven y por ende juguetón; y lo mejor de todo, era actor. Puso su mejor rostro de indignación, sabía que si quería demostrar enojo, sólo debía hablar lo justo y lo necesario. 

    — Al fin. Buenas noches. 

    No era de noche, no todavía, así que estaba claro que remarcaba una vez más que el otro había llegado demasiado tarde. Como venganza, lo torturaría un buen rato, al menos hasta que las luces de la sala se apagasen. Rápido se cruzó de hombros, negándole cualquier muestra de cariño mientras su mirada se posaba en todos lados menos en los hermosos ojos que le derretirían si tan sólo los espiara. Todavía no creía en la idea de salir con un hombre como JaeJoong... El hombre que tenía títulos de belleza a montones. 

    Y sacó la billetera, ahora que ya sabía qué película elegirían; sin importarle si al otro le gustaba o no, sólo faltaban los snacks. Le entregó un par de billetes, más o menos llegarían a ser la mitad de lo que gastarían. — Compra la comida, si necesitas más, después dímelo. — Su tono jamás cambiaba, hasta parecía que se hacía más viejo con esa manera tan seca de expresarse.
  • 在中 Sintió como el corazón se le congelaba al recibir el dinero para la comida, porque aunque había estado prácticamente mentalizándose para verlo enojado, disgustado, serio, triste, cualquier cosa que no fuera esa particular sonrisa, la verdad es que nunca habría de estar preparado para ver a su novio así. Se quedó con los billetes en la palma de su mano y con las ganas de un beso en los labios. Al usar su diestra se descubrió el rostro, dejando ver una pequeña arruguita de preocupación en su entrecejo fruncido. Asintió con la cabeza, y como si no fuera él tres años mayor, le obedeció en menos de tres segundos como un adolescente regañado. ¿Qué derecho tenía él para enojarse si el de menor estatura se encontraba molesto? El impuntual era él, la impuntualidad le quitaba todos sus derechos como para reclamar algo. Es decir, no podría tomar su mano en la sala, ni besarlo, ni nada de lo que su corazón y su cuerpo exigían, ¿verdad? No era nada justo. 

    Balbuceó lo mismo con los labios hechos un puntito rosado mientras recibía las popcorns en tamaño mediano. Acomodó todo lo que había comprado apropiadamente en la enorme bandeja roja, las dos gaseosas en el porta vasos y toda los dulces y snacks que estaba seguro que a Takeru le gustarían tanto como a él. Se las ingenió para no tirarlo todo mientras entraba con su acompañante a la sala de proyección. 

    Leyó rápidamente el título de la película dándose cuenta de que se trataba de una película de terror. No pasaba nada, se iba a cubrir los ojos y al mismo tiempo iba a estar más concentrado en comerse los snacks y si le daba tiempo y reunía el coraje suficiente al japonés también. 
    Llegaron a los asientos, JaeJoong se colocó la comida en sus piernas. Luego no perdió más tiempo en mirar al más joven de reojo. Aunque no exactamente así, sus grandes ojos oscuros le rogaban por clemencia y amor.
  • Kenshin Quizás estaba siendo demasiado tortuoso con JaeJoong y con él mismo porque el ver esas expresiones de queja le daban unas ganas de tirarse encima de él; besarlo hasta que se le gastaran los labios y muchas cosas más que por el horario de menores no podía hacer. Negó con la cabeza, cuando el otro se fue, porque no era de mantener sus interpretaciones serias o enojadas demasiado tiempo. Además, no lo estaba, era un chico demasiado alegre, demasiado feliz, le costaba de sobremanera estar enojado con JaeJoong... Aunque, debía admitir, que sí tuvo sus momentos de celos y de seriedad. Era un muchacho muy celoso. Compró las entradas, en vez de ir a buscarlo, prefirió hacer la cola pese a que no había demasiada gente. Pensó que la película no era demasiado buena o, en el mejor de los casos, que no había tenido la publicidad suficiente como para que las salas se llenasen como si fuera un estreno de Harry Potter o la película de Justin Bieber. Le alegraba la idea: una sala casi vacía. A oscuras. Con él. 

    Entraron a la sala de proyecciones con Takeru atacando los popcorns de entrada, ni siquiera quiso esperar. Lo ayudó con todo, las bebidas, los dulces que repartió equitativamente. Todo con un rostro serio, sin necesidad de decir palabra alguna. Bueno, sólo lo justo y lo necesario. Podía sentir su mirada de reojo llena de ruegos y de ansias, trataba de evitar sucumbir ante las mismas. Al menos lo haría hasta que las luces se apagaran, ambientando el lugar. No tuvo que esperar demasiado; con suerte llegaron a los quince minutos de propagandas y publicidades que de seguro recordaría dos o ninguna. 

    No pudo con su corazón ni con su cuerpo enamorado, Takeru buscó la mano de JaeJoong para entrelazarla con la propia fuertemente. Con la otra aprovechaba un par de sorbos de su Coca-cola, intentado calmar sus entrañas que saltaban de alegría; recibiendo cualquier químico que su cuerpo libraba al estar cerca de la persona que amaba. Inclinó su cuerpo hacia el de su pareja, los ojos los mantenía en la pantalla gigante pero estaba más concentrado en contarle lo adorable que era. — No puedo enojarme contigo pero tengo que fingir que sí o si no terminarás utilizándolo en mi contra. Te amo, espero el viaje no te haya sido tan agotador.
  • 在中 JaeJoong buscó consuelo en los mensajes por responder que tenía en su kakao talk y en la barrita de chocolate que su pareja le dio silenciosamente una vez sentados los dos frente a los cortos publicitarios que estaban proyectándose. Pero tenía más intenciones de contentarle, su cabecita ya elaboraba un plan rápido para hacer feliz a Takeru y recibir una vez más una mirada cálida de los ojos grandotes que tenía el japonés. Aunque no se le ocurría otra cosa más que besarlo allí, nada que fuera lo suficientemente creativo para funcionar, guardó su móvil pensando en que la vida era muy injusta con él una vez más. 
                     
    Sin embargo, los dedos delgadísimos del otro se entrelazaron con los propios y le tomaron por sorpresa, le hicieron feliz y las maripositas carnívoras en su interior revolotearon dulcemente una vez más en su vientre plano. Se dio el tiempo de escucharlo por sobre el ruido de los primero gritos de la película de terror. Descubrió que lo había estado engañando todo ese tiempo y como no, imposible darse cuenta porque el otro era actor y cuando darse cuenta de la verdad, aunque lo conociera muy bien era difícil penetrar una máscara de talento en cualquier artista inmerso en su papel. 
    —… Takeru, i hate you. — gruñó por lo bajo al tiempo en que recargaba su frente en el hombro del otro únicamente por unos momentos. Al separarse le robó un beso en la mejilla y se recargó perfectamente en el asiento al subir los pies en el respaldo que estaba en frente. 
    Clavó su vista en la pantalla enorme del cine sin decir nada más; era su turno de estar enojado aunque el pasado beso en la mejilla le quitara realismo, aunque en la siguiente escena la cara horrible del fenómeno de la película llegara en modo scream a él y atentara contra la poca valentía que tenía para esas cosas. Se cubrió la boca para evitar un grito mientras se acurrucaba en busca de protección contra el costado del menor.
  • Kenshin Las palabras las interpretó como si quisiera decir todo lo contrario y más allá de una sonrisa divertida no llegó a expresar. Era fan de las películas, de terror le gustaban; en su cabeza era lo que más le entretenía pese a que no era el rey de los valientes ni el más valiente. Acariciaba con su dedo pulgar el dorso de la mano de JaeJoong, por minutos sus ojos prestaban atención a la película que, por costumbre o instinto, no le impresionaba. Hasta le resultaba demasiado predecible, a tal punto que le hacía reír cuando en su cabeza ironizaba alguna que otra situación. Tenía la mente retorcida de vez en cuando.

    Pero poco a poco fue perdiendo el interés, cerciorándose de que la película era entretenida pero no por eso buena. Miró a su compañero, que parecía ser todo lo contrario a Takeru, se lo notaba muy metido en la película, suspendido. Las ideas pasaban por su cabeza, las imágenes mentales que hace unas dos horas estaba creando volvían. Observó a la izquierda, observó a la derecha, no habían personas a su al rededor y quizás nadie sabía que eran dos hombres demasiado cariñosos. Japón era retorcido,lo sabía, podían aceptar a un gigante de rubio de pelo largo vestido con panties pero se horrizaban todos si dos hombres o dos mujeres se besaban. 

    Y aunque era algo de lo que tenía que lidiar toda la vida, donde incluso sus padres podían ser del bando de los super moralistas. Ergh, nunca lo había pensado... Bueno, sí, pero también tenía el derecho a ignorar el tema hasta que fuera totalmente necesario buscar la solución. Conocía muchísimas personas que tuvieron que elegir entre su orientación sexual y sus padres, terminando en la calle. Él ya era un adulto, eso sí, no tenía miedo de quedar en la miseria pero la simple idea de alejarse de sus padres era horrible. Pese a que todo era una situación hipotética, se preocupaba, era una posiblidad y ¿JaeJoong valía todo ese sacrificio? 

    — ¡Ah, cierra la boca y bésalo! — Bueno, era tonto; sí, se había callado a sí mismo. Se abalanzó sobre él para buscar sus labios; los cuales presionó fuerte. Entreabrió los propios con el fin de capturar ese cerezo inferior que era proporcional al superior. Todos sus sistemas de órganos comenzaron una revolución, se dieron vuelta, explotaron. Se sintió tan feliz que podían encender las luces; verlos, acusarlos y todo le chuparía un mísero huevo.

    Pensándolo mejor, que su carrera terminara arruinada por un descuido de él no era una idea increíble así que así como fue de impulsivo al besarle fue impulsivo al separarse. Gracias al cielo la oscuridad tapaba los mil colores que por su rostro pasaron; por lo que pareció que en realidad el motivo por el cual terminó con el beso fue porque tenía sed. Casi ni le quedaba Coca-cola, estaba por la mitad ya. Todavía faltaban como tres cuartos de película.