viernes, 21 de agosto de 2015

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            (2) 日本国: 金在中 /  平和と進歩!
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  En el pasado JaeJoong había viajado a Japón más de unas dos veces por semana. De ida y vuelta a Corea, en realidad, en tantas ocasiones que un trayecto de dos horas o menos hasta el país vecino le parecía nada. Antes podría haber leído o tomado una siesta, escuchar sus discos favoritos en los auriculares y el tiempo pasaría volando. De hecho, hubo momentos en que tomar un avión significaba descanso dentro de aquella apretada agenda que había mantenido hace más de siete años.

  Ahora, solo habían pasado treinta minutos y era la segunda vez que devolvía el estómago en el cubículo que se quería hacer pasar por baño en el avión porque las bolsas para el vómito ya se las había terminado. Incluso las sobrecargos se mostraban preocupadas ante él. Seguramente estaba enfermo, seguramente era todo el exceso de kimchi que había comido luego de visitar a sus padres.

«Mamá… papá, estoy saliendo con alguien, sé que probablemente me van a odiar porque… ¡No, no es YunHo! Es… de Japón. Es lo opuesto a YunHo en apariencia, lo siento, mamá. ¿Papá, estás dormido?»

  ¡Aún no podía creer que esa hubiera sido su reacción! Jae tuvo que reprimirse muchísimas veces en no en darse la cabeza contra la pared del salón, tanta angustia, tanto revuelo en su cabeza sin saber en sí debería contárselos a sus no-progenitores; ahora ya sabía de donde había heredado tanta incongruencia en su propia mentalidad.

  La adorable pero sobreprotectora señora Kim entre «Aigoos y ¿cuándo me vas a dar un nieto? Ya no eres un jovencito” después le había dado de comer hasta dejarlo a punto de reventar. «¡Estás muy flaco, come más!»

  Se acarició el vientre y se giró de ladito, cerrando los ojos. Últimamente también tenía muchísimo sueño… entre querer dormir pero vomitar estaba muy exhausto, odiaba estar enfermo y débil. Después se preguntó si había estado bien en venir o no… Pero, tenía asuntos pendientes que cuidar acá, tenía lo de los compositores japoneses con los que se tenía que encontrar, la firma de libros a la que quería asistir, las fotografías en el bosque del Suicidio que deseaba tomar, el concierto de Hyde al que necesitaba asistir, las compras en Shibuya, los mangas que le faltaban en su colección, los ojitos de Takeru en los que extrañaba ahogarse.

En dos aparentemente interminables horas del infierno acurrucado en su respaldo, llegó a su destino.

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