—Pero…
no podía dejar que fueras tu solo —Le sonrió de una manera encantadora,
encantadoramente estúpida. Estaba demasiado enamorado, sus mejillas se
estiraban solas al verlo por fin—. Quería verte lo antes posible —Con la
yema de los dedos se cubrió la
boca. Por vergüenza eso lo había dicho casi en un susurro, apresurado.
Luego agregó: — Y sería muy grosero de mi parte no venir a recibirte.
No
encendió las luces del auto luego de que abordara, no hasta que le robó
unos tres besos rápidos, tiernos, luego del primero. Abrazarlo no podía
porque sería incomodo en la posición en la que se encontraban, aunque
se moría de ganas. Frunció los labios al notar que tenía el cabello
húmedo y la ropa también. Le preocupó de que pudiera coger un resfriado;
ya en casa lo obligaría a que tomara una ducha caliente y dos capsulas
de vitamina C. Era mejor prevenir todo y parecer un exagerado a que algo
evitara que Takeru tuviera una agradable estadía en su primera visita a
JaeJoong en Corea.
A
diferencia de Takeru, JaeJoong había considerado el tiempo lluvioso y
cómo este haría que la temperatura bajara mucho más en la madrugada. Por
eso él mismo estaba abrigado con su suéter rojo a rayas negras, su
favorito, el que nunca dejaba de vestir cada vez que tenía la
oportunidad. También dos descafeinados estaban listos en los sujeta
vasos del centro, uno era para el japonés.
Le
secó las mejillas mojadas con las mangas de su suéter, después con sus
pulgares justo como lo haría una madre, luego le tendió el café
calientito para quitarle el frio de la piel. Y así todo listo, insertó
las llaves para encender el vehículo y desaparecer de ahí rumbo a la
carretera.
—Estoy
muy bien. ¿Tuviste un buen viaje? —Las dos manos en el volante. Tenía
que tener cuidado porque la autopista estaba mojada. También estaba
desierta e iban a llegar más rápido a su departamento—. Amor… Voy a
prestarte ropa, ¿sí? ¿Tienes hambre? ¿Estás cansado del vuelo?
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