lunes, 3 de agosto de 2015

LAKSDGH.

⌠①⌡ ᴛᴀᴋᴇʀᴜ ʏ ᴊᴇᴊᴜɴɢ.
                  ‹‹ ₁₅₀₈₀₁ sᴀɪᴛᴀᴍᴀ ››
                
                
   JaeJoong debía darse prisa si no es que quería llegar tarde a la primera cita con su japonés, el tráfico estaba pesado esa tarde en el centro de Saitama así que hubiera sido una odisea llegar en auto. Por eso es que había decidido irse en bicicleta para llegar al cine, aunque su condición física no había sido tan buena y sus pulmones habían terminado por traicionarlo a medio camino. Estaba seguro de que no lo volvería a hacer nunca. Ahora pedaleaba con todas sus fuerzas con la preocupación incluida de además llegar sudado. Se habían citado a las cuatro y treinta minutos.
                                
   Cuatro y cuarenta minutos eran. Zigzagueaba entre los autos atrapados en el embotellamiento con una habilidad peligrosa recientemente adquirida los pasados diez minutos. El cine estaba como a tres calles más. Una gotita de sudor se escurrió a su ojo derecho y escoció allí y en su cicatriz pequeña del párpado. Se limpió el sudor de la frente con el dorso de su izquierda, tambaleante porque no tenía la paciencia para maniobrar el volante con una sola mano ni para detenerse a limpiarse la cara.
                
   Odiaba ser impuntual y la idea de tenerlo esperando no le agradaba para nada. No se detuvo hasta que visualizó a lo lejos el enorme edificio del centro comercial, lugar donde estaba el cine. Después una ventaja es que no tuvo que pagar estacionamiento, dejó su vehículo de dos ruedas encargado y se dispuso a entrar mientras avisaba a Takeru que ya había llegado.
«sᴍs: Kenshin»
No quería retrasarme. ¿Es tarde, no es muy tarde aún? Llegué tarde, ¿verdad? (இ﹏இ`。)
  • Kenshin le gusta esto.
  • Kenshin No se destacaba por ser la persona más puntual del mundo, pero ese día decidió recibir un premio por tal hazaña. 

       Levantarse temprano siempre le costó al joven japonés, al igual que un montón de cosas más que iban ligadas a la responsabilidad. Ese 
    día todo cambió, bueno, en realidad venía cambiando desde hace bastante tiempo, desde que JaeJoong; un cantante coreano del cual tenía vaga idea en su adolescencia, apareció en su vida para ponerla de cabeza. Y no le molestaba en lo absoluto, todo lo contrario, se levantaba temprano por el simple hecho de querer más horas para hablar con él. El amor lo tenía tarado, siempre se justificaba detrás de eso.

       Cuatro y treinta; él estaba contento desde las tres de la tarde y estaba esperando por JaeJoong desde las cuatro. Con sus prendas holgadas, tenía puesto los anteojos de sol a causa del hermoso día de casi verano que era. Saitama siempre le iba a gustar, porque precisamente él había nacido allí y toda su vida la había pasado allí. Las personas lo trataban como uno más, eso era lo que más le agradaba. La fama lo estresaba, sin embargo, no estaba hecho para quejarse muy a menudo; entonces, sólo le quedaba soportarlo y escaparse de vez en cuando.

       Estaba en la recepción del cine, se estaban acercando las cinco de la tarde y si bien estaba esperando hace una hora, no parecía estar enojado, todo lo contrario. Recibió el mensaje, soltando una pequeña risa que nadie a su alrededor suyo pudo ver. Hermoso, sí, sabía que JaeJoong por llegar tarde se iba a poner más desesperado y ansioso que él. Por momentos decidió jugar, fingir que estaba enojado; ¿eso sería ser muy cruel con JaeJoong? No lo pensó dos veces, la venganza era algo que el mundo disfrutaba sin excepción.

            «sᴍs: ᴊᴇᴊᴜɴɢ»

    Oe! ¿Hasta cuándo me harás esperar? Hace dos horas que estoy aquí. Si no quieres venir, sólo tenías que decírmelo. (;へ:)
  • 在中 «Está enojado. Debe estar muy enojado. Cualquiera que haya esperado dos horas debe estar hecho una furia. Dos horas de retraso en la primera cita. No me sorprendería que para el fin de la noche esté yo soltero. ¿Qué significa el kaomoji? Está llorando. ¿Está llorando, verdad? Al mismo tiempo debe estar enojadisímo. Oh, no, oh no. AH». 

    Pensar mucho nunca le hacia bien a nadie, en ningún sentido, provocaba cataclismos mentales y dolores del corazón; sobre todo de la cabeza también. Y además porque se distrajo de un lado al otro y terminó por chocar contra una mujer con muchísimas bolsas de compras. Hizo que todo se le cayera al suelo, ella misma de rodillas. JaeJoong repartió reverencias por todos lados mientras recogía una cosa tras otra, aunque tenía unas horribles intenciones mentales de dejárselo todo tirado y correr hacia la entrada del cine, a los brazos de su amado. 

    Y repasando eso, ¿podría besarlo? ¿Podría abrazarlo en público? Frente a tantas personas ni hablar pero en las penumbras de la sala seguramente sería algo razonable. Eso si Takeru no estaba enojado, porque recordando los celos que había tenido la otra vez y él como no lo había dejado besar, le estaba haciendo dudar sobre si sus deseos inmediatos se pudieran hacer realidad. 

    Dejó a la chica atrás y también ignoró lo enojada que estaba, el como le decía que tuviera cuidado hasta que sus rostros se encontraron frente a frente y la muchacha se quedaba sin habla, balbuceo y a punto estaba de pronunciar su nombre. Había sido reconocido. Mientras se alejaba se bajó los lentes de sol y se cubrió el resto de la cara con el cubre bocas que sacó de su bolsillo. Avanzó lo más rápido que sus pies caminando para no llamar la atención le permitieron, después a Takeru lo reconoció en tanto puso un pie adentro del establecimiento. 

    Lo tomó de los hombros, lo abrazó como si fuera un amigo al que uno no ve desde hace siglos y al oído le pidió perdón por su retraso. Gracias a que todo lo hizo muy rápido pudo resistirse a las ganas de darle un besito.
  • Kenshin La verdad era que más que enojado, comenzaba a preocuparse. JaeJoong no había sido demasiado específico cuando redactó el mensaje y por su gran cabeza imaginadora pasaban un montón de posibles situaciones que el mayor pudo haber sufrido. Iba de un lado a otro, sin tener idea de qué podía hacer. La cartelera ya se la sabía de memoria, los precios que figuraban en la zona de los snacks también, hasta ya podía decir cuáles le recomendaría a JaeJoong; tomando en cuenta el detalle de que su amante era vegetariano.

    Y mientras más lo pensaba, JaeJoong parecía tardarse más. Por un momentos se cansó, decidió que lo mejor era ir a hacer la cola para al menos ver una de las malas películas de miedo y fantasmas que siempre hacían. Lo más probable es que terminara distrayéndose con alguien muchísimo más interesante que la película, claro; si en realidad eso era sólo una excusa. Una tonta excusa para aprovechar las salas oscuras e intentar sobrepasar los límites morales permitidos. 

    Justo cuando la sonrisa llena de perversión se asomó sobre su rostro, JaeJoong se hizo presente. Esas disculpas bastarían para perdonarle cualquier cosa, sin embargo, Takeru era joven y por ende juguetón; y lo mejor de todo, era actor. Puso su mejor rostro de indignación, sabía que si quería demostrar enojo, sólo debía hablar lo justo y lo necesario. 

    — Al fin. Buenas noches. 

    No era de noche, no todavía, así que estaba claro que remarcaba una vez más que el otro había llegado demasiado tarde. Como venganza, lo torturaría un buen rato, al menos hasta que las luces de la sala se apagasen. Rápido se cruzó de hombros, negándole cualquier muestra de cariño mientras su mirada se posaba en todos lados menos en los hermosos ojos que le derretirían si tan sólo los espiara. Todavía no creía en la idea de salir con un hombre como JaeJoong... El hombre que tenía títulos de belleza a montones. 

    Y sacó la billetera, ahora que ya sabía qué película elegirían; sin importarle si al otro le gustaba o no, sólo faltaban los snacks. Le entregó un par de billetes, más o menos llegarían a ser la mitad de lo que gastarían. — Compra la comida, si necesitas más, después dímelo. — Su tono jamás cambiaba, hasta parecía que se hacía más viejo con esa manera tan seca de expresarse.
  • 在中 Sintió como el corazón se le congelaba al recibir el dinero para la comida, porque aunque había estado prácticamente mentalizándose para verlo enojado, disgustado, serio, triste, cualquier cosa que no fuera esa particular sonrisa, la verdad es que nunca habría de estar preparado para ver a su novio así. Se quedó con los billetes en la palma de su mano y con las ganas de un beso en los labios. Al usar su diestra se descubrió el rostro, dejando ver una pequeña arruguita de preocupación en su entrecejo fruncido. Asintió con la cabeza, y como si no fuera él tres años mayor, le obedeció en menos de tres segundos como un adolescente regañado. ¿Qué derecho tenía él para enojarse si el de menor estatura se encontraba molesto? El impuntual era él, la impuntualidad le quitaba todos sus derechos como para reclamar algo. Es decir, no podría tomar su mano en la sala, ni besarlo, ni nada de lo que su corazón y su cuerpo exigían, ¿verdad? No era nada justo. 

    Balbuceó lo mismo con los labios hechos un puntito rosado mientras recibía las popcorns en tamaño mediano. Acomodó todo lo que había comprado apropiadamente en la enorme bandeja roja, las dos gaseosas en el porta vasos y toda los dulces y snacks que estaba seguro que a Takeru le gustarían tanto como a él. Se las ingenió para no tirarlo todo mientras entraba con su acompañante a la sala de proyección. 

    Leyó rápidamente el título de la película dándose cuenta de que se trataba de una película de terror. No pasaba nada, se iba a cubrir los ojos y al mismo tiempo iba a estar más concentrado en comerse los snacks y si le daba tiempo y reunía el coraje suficiente al japonés también. 
    Llegaron a los asientos, JaeJoong se colocó la comida en sus piernas. Luego no perdió más tiempo en mirar al más joven de reojo. Aunque no exactamente así, sus grandes ojos oscuros le rogaban por clemencia y amor.
  • Kenshin Quizás estaba siendo demasiado tortuoso con JaeJoong y con él mismo porque el ver esas expresiones de queja le daban unas ganas de tirarse encima de él; besarlo hasta que se le gastaran los labios y muchas cosas más que por el horario de menores no podía hacer. Negó con la cabeza, cuando el otro se fue, porque no era de mantener sus interpretaciones serias o enojadas demasiado tiempo. Además, no lo estaba, era un chico demasiado alegre, demasiado feliz, le costaba de sobremanera estar enojado con JaeJoong... Aunque, debía admitir, que sí tuvo sus momentos de celos y de seriedad. Era un muchacho muy celoso. Compró las entradas, en vez de ir a buscarlo, prefirió hacer la cola pese a que no había demasiada gente. Pensó que la película no era demasiado buena o, en el mejor de los casos, que no había tenido la publicidad suficiente como para que las salas se llenasen como si fuera un estreno de Harry Potter o la película de Justin Bieber. Le alegraba la idea: una sala casi vacía. A oscuras. Con él. 

    Entraron a la sala de proyecciones con Takeru atacando los popcorns de entrada, ni siquiera quiso esperar. Lo ayudó con todo, las bebidas, los dulces que repartió equitativamente. Todo con un rostro serio, sin necesidad de decir palabra alguna. Bueno, sólo lo justo y lo necesario. Podía sentir su mirada de reojo llena de ruegos y de ansias, trataba de evitar sucumbir ante las mismas. Al menos lo haría hasta que las luces se apagaran, ambientando el lugar. No tuvo que esperar demasiado; con suerte llegaron a los quince minutos de propagandas y publicidades que de seguro recordaría dos o ninguna. 

    No pudo con su corazón ni con su cuerpo enamorado, Takeru buscó la mano de JaeJoong para entrelazarla con la propia fuertemente. Con la otra aprovechaba un par de sorbos de su Coca-cola, intentado calmar sus entrañas que saltaban de alegría; recibiendo cualquier químico que su cuerpo libraba al estar cerca de la persona que amaba. Inclinó su cuerpo hacia el de su pareja, los ojos los mantenía en la pantalla gigante pero estaba más concentrado en contarle lo adorable que era. — No puedo enojarme contigo pero tengo que fingir que sí o si no terminarás utilizándolo en mi contra. Te amo, espero el viaje no te haya sido tan agotador.
  • 在中 JaeJoong buscó consuelo en los mensajes por responder que tenía en su kakao talk y en la barrita de chocolate que su pareja le dio silenciosamente una vez sentados los dos frente a los cortos publicitarios que estaban proyectándose. Pero tenía más intenciones de contentarle, su cabecita ya elaboraba un plan rápido para hacer feliz a Takeru y recibir una vez más una mirada cálida de los ojos grandotes que tenía el japonés. Aunque no se le ocurría otra cosa más que besarlo allí, nada que fuera lo suficientemente creativo para funcionar, guardó su móvil pensando en que la vida era muy injusta con él una vez más. 
                     
    Sin embargo, los dedos delgadísimos del otro se entrelazaron con los propios y le tomaron por sorpresa, le hicieron feliz y las maripositas carnívoras en su interior revolotearon dulcemente una vez más en su vientre plano. Se dio el tiempo de escucharlo por sobre el ruido de los primero gritos de la película de terror. Descubrió que lo había estado engañando todo ese tiempo y como no, imposible darse cuenta porque el otro era actor y cuando darse cuenta de la verdad, aunque lo conociera muy bien era difícil penetrar una máscara de talento en cualquier artista inmerso en su papel. 
    —… Takeru, i hate you. — gruñó por lo bajo al tiempo en que recargaba su frente en el hombro del otro únicamente por unos momentos. Al separarse le robó un beso en la mejilla y se recargó perfectamente en el asiento al subir los pies en el respaldo que estaba en frente. 
    Clavó su vista en la pantalla enorme del cine sin decir nada más; era su turno de estar enojado aunque el pasado beso en la mejilla le quitara realismo, aunque en la siguiente escena la cara horrible del fenómeno de la película llegara en modo scream a él y atentara contra la poca valentía que tenía para esas cosas. Se cubrió la boca para evitar un grito mientras se acurrucaba en busca de protección contra el costado del menor.
  • Kenshin Las palabras las interpretó como si quisiera decir todo lo contrario y más allá de una sonrisa divertida no llegó a expresar. Era fan de las películas, de terror le gustaban; en su cabeza era lo que más le entretenía pese a que no era el rey de los valientes ni el más valiente. Acariciaba con su dedo pulgar el dorso de la mano de JaeJoong, por minutos sus ojos prestaban atención a la película que, por costumbre o instinto, no le impresionaba. Hasta le resultaba demasiado predecible, a tal punto que le hacía reír cuando en su cabeza ironizaba alguna que otra situación. Tenía la mente retorcida de vez en cuando.

    Pero poco a poco fue perdiendo el interés, cerciorándose de que la película era entretenida pero no por eso buena. Miró a su compañero, que parecía ser todo lo contrario a Takeru, se lo notaba muy metido en la película, suspendido. Las ideas pasaban por su cabeza, las imágenes mentales que hace unas dos horas estaba creando volvían. Observó a la izquierda, observó a la derecha, no habían personas a su al rededor y quizás nadie sabía que eran dos hombres demasiado cariñosos. Japón era retorcido,lo sabía, podían aceptar a un gigante de rubio de pelo largo vestido con panties pero se horrizaban todos si dos hombres o dos mujeres se besaban. 

    Y aunque era algo de lo que tenía que lidiar toda la vida, donde incluso sus padres podían ser del bando de los super moralistas. Ergh, nunca lo había pensado... Bueno, sí, pero también tenía el derecho a ignorar el tema hasta que fuera totalmente necesario buscar la solución. Conocía muchísimas personas que tuvieron que elegir entre su orientación sexual y sus padres, terminando en la calle. Él ya era un adulto, eso sí, no tenía miedo de quedar en la miseria pero la simple idea de alejarse de sus padres era horrible. Pese a que todo era una situación hipotética, se preocupaba, era una posiblidad y ¿JaeJoong valía todo ese sacrificio? 

    — ¡Ah, cierra la boca y bésalo! — Bueno, era tonto; sí, se había callado a sí mismo. Se abalanzó sobre él para buscar sus labios; los cuales presionó fuerte. Entreabrió los propios con el fin de capturar ese cerezo inferior que era proporcional al superior. Todos sus sistemas de órganos comenzaron una revolución, se dieron vuelta, explotaron. Se sintió tan feliz que podían encender las luces; verlos, acusarlos y todo le chuparía un mísero huevo.

    Pensándolo mejor, que su carrera terminara arruinada por un descuido de él no era una idea increíble así que así como fue de impulsivo al besarle fue impulsivo al separarse. Gracias al cielo la oscuridad tapaba los mil colores que por su rostro pasaron; por lo que pareció que en realidad el motivo por el cual terminó con el beso fue porque tenía sed. Casi ni le quedaba Coca-cola, estaba por la mitad ya. Todavía faltaban como tres cuartos de película.

1 comentario:

  1. JaeJoong no estaba acostumbrado a ver películas de terror, no al menos con una pantalla de tantos metros y con el sonido real de aquella sala de alta definición metiéndose en sus tímpanos. La misma banda sonora utilizada para crear drama, suspenso, tensión le tenía ya de por si completamente alerta, con una extraña sensación de vulnerabilidad que le hacía encogerse en su asiento cada tanto y con la mano de Takeru fuertemente aferrada entre sus dedos. Encima era bien sabido que las películas japonesas eran un poquito más retorcidas a la hora de crear sustos, quien sabe por qué, las actrices japonesas gritaban mejor. Bueno, JaeJoong era un cobarde de todos modos porque aunque en su cara no expresara tanto el miedo ya estaba pensando cómo es que iba hacer para dormir sin pesadillas esa noche, preguntándose también donde había dejado esa pequeña lámpara de luz para no dormir en completa oscuridad. Sí, él era de los que creía que con un poquito de luz o cubriéndose hasta la cabeza con una sábana se iba a poder defender de cualquier asesino o fantasma o demonio que quisiera aparecérsele.
                 
    Aún con todo el miedo que tenía, le encantaba ver todas las escenas posibles incluso si tenía que hacerlo entre sus dedos luego de cubrirse el rostro o dejándose las uñas a punto de desaparecer.
                 
    Pero, por ahora, se inclinó un poco para tomar de las popcorn, las buscó a tientas por el regazo de Takeru. Estiró la mano y en medio de la melodía intimidante a lo Psycho para dejarlo todo tenso y esperando a la próxima atmósfera de terror, escuchó un grito que le hizo sobresaltar aunque de todos modos no saliera de la pantalla. Arrojó las palomitas que había tomado con su puño y un beso rápido le calló la boca justo a tiempo. Aquello le impresionó; no lo esperaba, duró menos de cinco segundos no dándole el tiempo de cerrar los ojos tampoco. Había sido tan rápido, ¿eso era todo? JaeJoong regresó su vista a la pantalla, se quedó quieto, se mordió los labios, pasaron como veinte minutos para que lograse interesarse otra vez por la historia que se proyectaba ante sus ojos.
                 
    De pronto tenía unas ansias incontrolables de gritarle a la señora que se iba a morir a como entrara al bosque de noche, porque no lo entendía, es decir, si JaeJoong tenía por conocimiento que estaba bajo una maldición o algo parecido se encerraría en su armario o contrataría más guardaespaldas con el fin de nunca quedarse solo. En las películas de miedo nadie tenía sentido común.

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